• Adriana Romero

2022


Yo sí creo que la vida cambió después de la pandemia. Muchas personas aseguran que no, que las cosas volvieron a lo mismo, pero con tapabocas, o sin tapabocas según el país y la orientación política de cada uno. Para mi es más un tema de sentido común, que ya deberíamos cambiarle el nombre porque de sentido no tiene nada, y es cada vez más raro y excepcional. Qué le vamos a hacer.


El mundo cambió, y estoy convencida de que todos los que allá afuera se resisten al cambio, hablo en tercera persona porque no me incluyo dentro de ese grupo, es porque en el fondo saben que tantas cosas se van a venir abajo, que lo que sienten es un miedo y una angustia que es mejor no explorar. Hace poco vi un meme que me gustó, que decía: “quisiera vivir en un momento de la humanidad en donde se diera un gran cambio”, y la imagen era un hombre con cara de “Por qué pedí semejante deseo?”. Porque eso es justamente lo que está pasando, estamos asistiendo a una enorme transición de la humanidad como la conocemos, del planeta, del sistema social y económico, es decir, estamos dando el gran salto, pero la gran mayoría está caminando hacia el vacío.


Hace algunos meses me hubiera resistido a escribir este texto, porque me daba miedo lo que pensaran los demás, que creyeran que soy otra de las que cree en conspiraciones, nuevas eras, otra hippie que no encaja en el mundo real. Y quizá, de alguna forma eso es verdad, siempre lo he sido, una rebelde que se ahogaba en el miedo de no encajar, de no poder ser parte de una familia normal, en un país tradicional, una mujer con una cabeza y un cuerpo diferente al que se supone debía tener, con un pensamiento completamente alejado y diferente de lo que veía en los demás. Mis primeros grandes amigos de la vida, después de la adolescencia, fueron seres que hoy entiendo, eran parte de otra concepción o forma de estar en el mundo, varios de ellos están muertos, otros pasaron por enfermedades muy difíciles y están mejor que nunca, otros se dedicaron a ser unos estudiosos eternos para intentar comprende este mundo incomprensible.


Yo, en cambio, traté de encajar en todos los moldes posibles, el molde de hija, de hermana, de mujer, nadie me lo estaba pidiendo, pero yo lo sentí como una exigencia para poder ser parte de algo, para no sentirme tan extraña ni paria en un mundo en donde parecía que no había más opción. Pero resulta que después de la pandemia, en donde se mostraron las verdaderas caras de muchas personas, de los países, de las cosas y los sistemas, ya es posible soltarse de lo que creíamos era imposible de derrotar. Esa falacia que estaba tan anidada en nuestras cabezas y espíritus, finalmente se nos exhibe como posible, real y además un camino interesante para nosotros los curiosos, ávidos de vida y experiencias verdaderas.


Supe siempre que mi intensidad era desbordada, pensé que de pronto era porque me iba a morir joven, ¡Ay! Menos mal que no. Quiero MUCHA VIDA para vivir este delicioso momento del mundo en el que todo se está viniendo abajo, siempre lo supe y acá estoy con los brazos abiertos para finalmente poder ser para poder sentir sin sentirme tan diferente. Gracias a Dios y a mi propia fortaleza por haberme permitido llegar acá. Hace unos años todo se me vino abajo, pero entendí finalmente la gran oportunidad que esto significa, volver a nacer es delicioso. Yo no me da pena ni tengo miedo de ser yo. Más vale tarde que nunca, y no es tarde, la vida acaba de empezar.

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