• Adriana Romero

Meditar y no fracasar en el intento




Tengo que reconocer que la meditación cambió mi vida. Para mi meditar era una de esas cosas que solo hacía quien estaba muy desesperado, cuando ya no tenía otra opción y lo había intentado todo, (o sea yo pero sin querer aceptarlo). Cada vez que intentaba meditar, el corazón se me ponía a millón, se me alteraba la respiración, era imposible quedarme quieta, es decir, todo lo opuesto a la tranquilidad que supuestamente brindaba la práctica.


Hasta que un día, ya muy agotada y de verdad sin mayor expectativa, experimenté ese estado del que solo había oído o leído, pero que estaba convencida que jamás alcanzaría: sentí que flotaba, que mis dedos de las manos y mi cabeza eran largos como un lápiz puntiagudo… y me asusté. El ser humano está lleno de las más lamentables contradicciones. Justo cuando logré lo deseado, sentí pánico de sentirlo. Y me volví a alejar de la meditación. Pero con una diferencia, ya había sentido “algo”, ya había experimentado en carne propia esa sensación de abstraerse de uno mismo y mirar a la que piensa. Ahora el trabajo era entender por qué me había dado miedo, qué había en ese estado que yo temía.


Muchas personas y libros que alguna vez voy a nombrar en detalle cuando sea capaz de escribir la novela que estoy conjurando en mi mente, me acercaban más y más al enamoramiento que finalmente se desató, y es que cuando conoces de verdad la meditación, cuando te entregas sin expectativa mayor que la entrega misma, lo que ocurre es tan dulce y amoroso, que ya no hay marcha atrás, y la meditación se vuelve parte tan esencial de la vida como comer, dormir, bañarse, o quizás mucho más. Sé que para este punto usted, o ya abandonó la lectura, o está a punto de hacerlo, pero le aconsejo que siga adelante, este no es un blog sobre espiritualidad o bienestar como el de tantas revistas. No que tenga nada contra ese tipo de textos, pero soy consciente de que yo misma salgo corriendo ante los típicos títulos de 5 tips para tener una vida más sana, o cómo eliminar el stress de su vida (aunque yo misma escribí “8 cosas que dejé de hacer para sanar la ansiedad”, así de contradictorios somos los seres humanos). Pero no, este blog lo que busca es que usted considere la posibilidad de meditar, porque hacerlo es el real secreto de una vida feliz, porque es una práctica gratuita, elemental, no necesita comprar nada ni saber nada ni leer nada ni demostrarle nada a nadie para hacerla. Porque es la demostración de que el ser humano tiene en sus manos la posibilidad de transformar su vida con algo tan sencillo como sentarse en calma y respirar (en realidad es solo eso), pero en cambio prefiere darse contra las paredes, gastar plata que no tiene, hablar del clima tan horrible, del Covid que nos va extinguir como raza, del precio de la comida tan caro, de Petro, de Uribe, de que el marido o la mujer le puso los cachos (también escribí un blog sobre eso) antes que meditar. Porque meditar es tan básico que nos parece imposible que funcione.


Hágame caso, inténtelo ahora (seguro que ya me echó un madrazo), o más tarde, 5 minutos en la noche. Dele un chance en su vida. Se lo dice alguien que no veía la luz al final del túnel, y ahora, (aunque me doy a veces contra las paredes) estoy convencida, porque lo he vivido, que no solo hay luz al final del túnel, sino que esa luz, es nuestro propio reflejo, Y es maravilloso. (Y para no cerrar con una frase de nuevo milenio ya casi en el primer cuarto del mismo, la meditación nos hace mejores amantes y da un mejor orgasmo. Usted verá)





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